miércoles, enero 30, 2013

Con el corazón de niños


Frank Michel frente al jardín de la abuela

Un reparador viaje constituyó la reciente visita a mi familia, donde otra vez nos reunió a hermanos, sobrinos, cuñadas y otros parientes, el feliz motivo del cumpleaños 81 de mi madre, quien lo disfruta como el mayor regalo.

Al compartir el reencuentro nos actualizamos de nuestros proyectos, estado de salud y demás; surgen convergencias y divergencias de criterios de los más diversos temas, pero siempre bajo el principio del respeto a la opinión personal.

De lo más grato guardo el rato de diversión con las ocurrencias de mi sobrino-nieto Frank Michel, quien en pocos meses cumplirá los tres años, una etapa infantil encantadora, de ideas ingeniosas como la suya de convertir una hoja de col en supuesta rana y lanzarla de una persona a otra, que nos trasportó a un juego imprevisto.

Mi sobrina Yaimí, una joven profesora, se sorprendió atrapada en la broma creyéndola algo real, cuando se despojó de la blusa en un santiamén, huyéndole al “anfibio” tan temido por la frialdad y viscosidad de su piel, sobre todo entre las féminas, aunque no tanto en mi caso que las saco del lugar para liberar a mi hija del temor.

Fue un buen tiempo de risas y gritos, de renovar el corazón de niños,  a lo que acompañaron otros instantes de entretenimiento con el pequeño Frank, incluida la demostración de aprendiz de mecánica, desarmando el carrito de juguete, que lograba armar nuevamente aunque unía la goma trasera con la delantera.  


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