Ethel
me aseguró siempre que, como yo, egresaría de la enseñanza superior, y hoy
acaba de confirmar su palabra, cuando para suprema felicidad mía la acompañé a
recibir su título de Licenciada en Psicología Médica, en la universidad de
Ciencias Médicas “Zoilo Marinello Vidaurreta”, de Las Tunas.
Con
el suceso muy especial para ambas se coronaron cinco años de carrera, y en
particular un largo semestre de correteos más recientes para el examen estatal
escrito, antecedido por el práctico en consulta, de estudio intenso a partir de
resúmenes, pruebas de años anteriores, sesiones de estudio colectivo entre un
grupo de muchachas, algunas de estas en nuestra casa.
Pero
fue también agitada una investigación científica, primero en la recopilación de
informaciones y datos junto a otros aseguramientos, lo cual no pocas veces
coincidía con momentos de premura laboral para mi. Ahora ya relajadas nos
reímos de las varias carreras de relevo para usar la computadora, incluso un
gran susto a solo horas de entregar el trabajo.
Eso
fue con Marieli quien perdió todo su trabajo, luego de tenerlo listo para la
impresión, y recuperarlo le costó tener que dormir acá, pero sin mayores
sobresaltos; y así continuaron las citas de estudio junto a Yaimara, ya con un
bebé, Ailín con 3 niñitos y en la recta final Daimarelis, residente en
Jobabo.
Me
alegro de ese buen equipo que lograron para finalizar con la satisfacción de
vencer todas las pruebas de tránsito al egreso de la enseñanza superior, cada
una aportando y desarrollando habilidades, y ni qué decir de las frecuentes
llamadas telefónicas, para cotejar respuestas, precisar definiciones, y
despejar dudas.
En
este punto de valoración de mis preocupaciones como madre me recuerdo
persistente, exigiendo y supervisando, pero con plena alegría porque es un
triunfo compartido; a pesar de la expresión de “¡tú no eres fácil mami!”.
¿Cómo
no sentirme contenta y aliviada? Azaroso fue el preuniversitario, en el que al
finalizar cada curso yo suspiraba aliviada porque subía un peldaño más sin
desistir del estudio.
El
acontecimiento de ser ya mi hija una profesional es un éxito en el que también
está el aporte de mi familia, en especial mi madre, ayudándome desde los
primeros años de mi pequeña, y al cubrir muchas veces la retaguardia para poder
yo participar en actividades de superación y eventos fuera de la provincia.
Me
siento muy feliz. Esta es de las mayores
satisfacciones recibidas de mi “niña”, para provecho suyo, y confío en su
responsabilidad y preparación para continuar bien su vida laboral, compartida
con el estudio desde el segundo año de la carrera.
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