lunes, agosto 17, 2015

Santiago, laborioso y leal



Recorría la ciudad sin vanaglorias
Recientemente me conmocionó el deceso del combatiente Santiago Dreke Scott, en la ciudad de Las Tunas, a los 77 años de edad, cuya imagen más nítida la conservo  de la cena del primero de enero de 2015, ataviado con traje, como le gustaba lucir en ocasiones especiales, aunque fuese en ambiente familiar, mientras desde su asiento la mirada y risa bonachonas seguían a los demás en el baile, el brindis del traguito o las conversaciones animadas.

Meses antes le solicité una entrevista por su cercanía a Fidel, máximo líder de la Revolución Cubana, como integrante de su equipo de seguridad personal, pero con voz suave y calmada la rechazó alegando temer a la imprecisión de algún dato en hechos que involucraban a grandes personalidades; entre estas se contaba también la heroina Celia Sánchez Manduley, a quien profesaba un profundo cariño y agradecía  la asignación de su vivienda. 

Aunque insistí, no pude lograr mi propósito, el cual me siguió rondando en espera de otra oportunidad. Al saber de su fallecimiento el domingo nueve de agosto, víctima de un infarto cardíaco, fugazmente sentí decepción por mi poca pericia profesional, sin embargo tuve el consuelo de apreciar en su negativa una muestra de extrema discreción. 

Luego mi vecina Idalmis Peña, quien junto a sus tres hermanas y un hermano le profesaron el cariño de los hijos que nunca tuvo, corroboró mi suposición al comentar de su hermetismo para hablar de la presencia al lado de dirigentes de la Revolución, incluso con su familia, salvo en raras ocasiones.

Con él se llevó al sepulcro tantísimas anécdotas, y quizás muchos ni lo conocieron como parte del dispositivo de seguridad en los viajes del Comandante en Jefe, en la década del 70 del siglo pasado, a Jamaica, Etiopía y la ONU; además de asumir misión internacionalista en África.  

La mayor parte de su formación patriótica y de lealtad la tuvo en las Milicias Nacionales Revolucionarias, las Fuerzas Armadas de la Revolución, la limpia del Escambray, en la crisis de octubre, el Partido Comunista de Cuba, el Ministerio del Interior y la zafra de los “Diez millones”, en 1970.

De La Habana volvió en 1990 a la cotidianidad de su ciudad de Las Tunas; laboró en la antigua fábrica de envases de vidrio “Antonio Maceo” hasta la jubilación,  y luego integró la División Mambisa “Mayor General Vicente García”, dedicada a las labores agrícolas que conocía desde los diez años de edad, en la localidad natal de San Rafael,  sin posibilidades de estudiar dado su origen humilde, como el sexto de diez hermanos.

En la última etapa de vida compartía la estancia en el hogar con buena parte del día frente al Banco de Crédito y Comercio, próximo a su vivienda en los altos de la tienda “La Época”, mientras la pérdida de visión se volvía más crónica, y la esperanza de mejoría lo conducía disciplinadamente a las consultas médicas.

A esto conllevaron causas genéticas, aunque quizás influyeron los años de vista aguzada en la protección a miembros de la alta dirección en Cuba, un  costo del sacrificio asumido con plena entrega, fiel a la Revolución y sus líderes, trayectoria que le mereció varias medallas y reconocimientos, junto al respeto y admiración de compañeros y  familiares.
 

 

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